Tras muchos meses, quizás años, rondando por mi cabeza, este verano me dispuse a realizar uno de mis grandes sueños: Conocer en primera persona la selva, su fauna, sus loros, su gente, su modo de vida… y que mejor opción para empezar que Perú. Los Parques Nacionales de Manu y Bahuaja-Sonene y la Zona Reservada de Tambopata-Candamo y la de Amarakaeri fueron parte de los culpables de tan grata experiencia.

Mi aventura comienza incluso antes de llegar a la selva, el Cusco, y su Machu Pichu, me aproximaron a conocer el interesante “modus vivendi” de los Incas, y por qué no, extrapolando también, el de los indígenas que mas tarde tuve la suerte de conocer…Mucho mas allá de una filosofía, una ciencia, o una religión…su forma de entender y respetar el mundo en el que viven es envidiable. Hasta el punto en el que la mayoría de nosotros debería tomar nota. Inventores de lo que ahora el hombre occidental se empeña en haberlo hecho, el Desarrollo Sostenible, en su máxima y más pura expresión, y que merecen mi mas sincero agradecimiento. Ya en nuestra visita al Machu Pichu tuve la suerte de observar algunos ejemplares de Aratinga wagleri (Conuro de frontal rojo), que sin duda preambularon lo que íbamos a encontrarnos selva adentro.

Tras un duro viaje en Jeep (unas nueve horas para recorrer 250 Km…!!!), llegamos desde Cusco a las puertas de lo que sería sin duda mi mas grata experiencia, atravesando los Andes por una serpenteante “carretera” en la que el polvo y algunas niñas que habitaban por estos parajes, fueron nuestra única compañía . Habíamos llegado al Parque Natural del Manu, el más grande del Perú, y probablemente el más bello… y no pudimos tener mejor entrada que desde su parte más alta. Lo que nos permitió contemplar el regalo que el paisaje fue durante nuestra expedición a la selva peruana. Los emblemáticos Gallitos de Roca (Rupícola peruviana) (al menos 6 machos) ave nacional del Perú, nos dieron la bienvenida a nuestro paso por el bosque húmedo, y Pilcopata (situado en el Cinturón Cultural del Parque) nos dio cama esa primera noche en la selva. (Bueno, cama y alguna que otra no tan deseada picadura…).

A partir de entonces, las picaduras de mosquitos y no mosquitos fueron nuestros cómplices silenciosos durante todo el viaje, precio justo que hay que pagar para disfrutar de tales maravillas. La mayoría de los trayectos por la selva los hicimos en un bote por los principales ríos y nos permitían observar con una gratuidad excepcional la interesante fauna y flora que la jungla nos brindaba a nuestro paso: tortugas, caimanes, capibaras, lobos de río, agutís…observarlos fue sin duda todo un privilegio para mi, pero en esta ocasión, me centraré seguramente por vuestro deseo, en las aves que tuve ocasión de observar…

Ya en el Río Alto Madre de Dios, disfrutamos del primer encuentro con una pequeña bandada de “auroras”, nombre con el que la gente local denominaban a los amazonas y que no pude volver a observar hasta mis visitas a los bancos de arcilla… esta espera me fue gratamente amenizada por el resto de especies aviares que se nos presentaban a nuestro paso, no había minuto en el que nuestros ojos no atisbaran algún interesante ejemplar, de lo que para nosotros eran todas, aves exóticas.

Guacamayos aliverdes (Ara chloroptera) y azul-amarillos (Ara ararauna) nos regalaban sus vuelos en parejas o pequeños grupos familiares mientras nosotros, incapaces de relajarnos ante tal espectáculo natural, intentábamos no perder de vista a las innumerables ardeidas que a nuestro paso encontramos: Garzas reales (Ardea cocoi), blancas ( Egretta. alba) y de las nieves ( E. thula) se turnaron a lo largo de los variados trayectos que por los ríos Alto Madre de Dios, Madre de Dios, Manu y Tambopata hicimos durante nuestra expedición. Sin duda fueron las más numerosas entre las aves que observamos, especialmente las dos últimas, unas veces en solitario, otras en grupo y otras en compañía de alguna de las tantas especies que tuve la suerte de encontrarme…

4Egretta thula Selva Peruana Selva Peruana 4Egretta thula  2Ardea cocoi-G.real Selva Peruana Selva Peruana 2Ardea cocoi G

Nos adentramos incluso en la Zona Reservada, a la que muy pocos han tenido la suerte de entrar, donde, por si no fuera ya suficiente, nos alojamos durante 2 noches en Casa Matsiguenka, junto al río Manu , una pequeña comunidad nativa con la que convivimos y compartimos nuestra bonita experiencia. Durante nuestra estancia allí, junto a esos hombres de pies descalzos y curtidos por su uso, fuimos descubriendo algunas maravillas que la flora local supone para estas comunidades y por qué no, para el resto de los humanos también… las colonias de nidos de las Oropéndolas crestadas (Psarocolius decumanus) sobre los árboles, fueron fieles testigos de nuestro viaje, y observar a estas aves recogiendo material para construir sus colgantes nidos ocupó parte del escaso tiempo libre del que disfrutamos (¡por suerte, claro!).

11Paroaria gularis Selva Peruana Selva Peruana 11Paroaria gularis     8Hoatzines Selva Peruana Selva Peruana 8Hoatzines

A veces, solo cuando la tranquilidad del reposo te lo permitía, éramos conscientes de donde estábamos, inmersos en el concierto natural que la jungla te brinda, aves, insectos, primates… a los que a menudo no puedes ver, pero su sola presencia 1Ara manilata Selva Peruana Selva Peruana 1Ara manilataforma parte de ese equilibrio de sonidos que te envuelve, te hace desconectar del mundo que hasta ahora conocías y que va recargando “tus pilas” desgastadas por el calor, la humedad, los mosquitos y el cansancio que todo esto supone. Sin duda, tan solo con nuestra presencia allí, como en el resto de nuestro recorrido, estábamos siendo cómplices de quizás la mejor herramienta de conservación, que el ciudadano de a pie puede ofrecer a nuestros amados loros, a sus habitats, a su futuro y al nuestro… y esta idea me hace tremendamente feliz. Saber que el “turismo ecológico” que de alguna manera hacíamos, permite que, aquellas comunidades que hasta ahora se veían “forzadas” a la captura de loros, guacamayos y otras aves para su injusto comercio, dispusieran de una alternativa altamente eficaz y rentable. Y es que solo implicando a las comunidades y pueblos de la selva puede hacerse viable un proyecto de tal envergadura. El nativo ahora entiende que tiene mucho más que ganar conservando a los loros con vida y a su hábitat para que gente como nosotros, podamos pagar para contemplarlos, que con su captura y venta para un trafico de animales, ya sea legal o ilegal,…No nos creamos “dioses” con derecho a volver a invadir un espacio que antaño explotamos y abandonamos, y ahora deseamos conservar, sin estar convencidos que los verdaderos responsables y ejecutores de estos planes de conservación DEBEN ser los propios nativos, en cuyo beneficio y en el nuestro han de resultar las acciones que, por supuesto, deben contar con nuestra ayuda y/o iniciativa.

Me agradó enormemente conocer, que no solo ONG´s como el World Parrot Trust, (cuyo trabajo en esta línea es brillante y un verdadero ejemplo a seguir) tenían clara esta idea de conservación, si no lo que para mi fue mas llamativo: empresas privadas del sector turismo, estaban igualmente convencidas de que la vía correcta era la integración e implicación de estas comunidades indígenas en sus programas turísticos, contando con su imprescindible colaboración, complicidad y reparto de ingresos económicos para estos moradores de la selva, para estos custodiadores de nuestros amigos alados y su hábitat… Os sorprendería seguramente conocer la cantidad de puestos de trabajo que el turismo de observación de loros y guacamayos genera entre estos habitantes y el valor que tiene para ellos conservarlos de esta manera… ¿acaso existe una acción mas positiva que ésta a la que podemos contribuir mientras disfrutamos de nuestras vacaciones, de nuestra observación de loros y guacamayos…?

 

Nuestro objetivo ahora era visitar la famosa Collpa de Guacamayos del Blanquillo, una de las más importantes del Parque, situada en la Reserva Comunal Amarakaeri, para ello descendimos río abajo hasta Boca Manu para adentrarnos vía Río Madre de Dios hasta dicha reserva donde pernoctaríamos en el poblado habilitado para tal fin, gracias de nuevo a otra comunidad nativa. Mis expectativas eran altas, muy altas, y créanme si les digo que se vieron superadas tras semejante espectáculo de sonidos y colores de los que tuve fortuna de disfrutar durante mi visita a las Collpas. Este curioso nombre (Collpa) que utilizan para referirse a los bancos de arcilla frecuentados por los guacamayos (Clay licks en inglés) se lo debemos al Quechua, lengua nativa de la región cusqueña, que viene a significar “comedero”.

Durante nuestros innumerables paseos por la jungla, disfrutamos incluso descubriendo las palmeras donde sus curiosas “barrigas”, permitían anidar a guacamayos como el aliverde o el azul y amarillo. Y a menudo, solo observando agujeros ya me daba lo suficientemente satisfecho sin saber lo que me esperaba un poco mas adelante. Pero no solo eso, sino que martines pescadores, golondrinas, cigüeñas, espátulas, cardenales, crácidos y arrastreros fueron fieles compañeros durante nuestros desplazamientos. Algunos, como las bonitas golondrinas amazónicas o los martines pescadores, no dejaron de desconfiar de nosotros y parecía que jugaban a ver cuanto tiempo aguantaban sin salir volando ante nuestra presencia, sin embargo nos permitían observarlos tiempo suficiente como para poder enamorarnos de su plumaje, de su comportamiento… ¿Sabéis lo impresionante que es poder observar como los martines pescadores (Ceryle spp y Chloroceryle spp) se zambullen en el agua en busca de uno de sus apetecibles pescaditos, a tan solo 3 ó 4 metros de distancia?

9Macho de Ceryle alcyon Selva Peruana Selva Peruana 9Macho de Ceryle alcyon   7Grupo de Ardea alba Selva Peruana Selva Peruana 7Grupo de Ardea alba

Las cigüeñas o Tántalo americano (Mycteria americana), sin embargo, parecían no inmutarse siquiera con nuestra compañía, tranquilas y a pequeños pasos, extendían sus alas, soleándose, permaneciendo ajenas a lo que a su alrededor acontecía…

La selva y el disfrute de su fauna implica casi irremediablemente madrugar, posiblemente demasiado para algunos, e incluso pasar noches en vela, a la espera en un Hide, de que algún deseado “visitante amazónico” nos sorprendiera mientras te preocupas de mantener la distancia con esos indeseables mosquitos ansiosos de sangre nueva… (¿Algún precio teníamos que pagar por semejante disfrute, no?). Para visitar la Collpa de Guacamayos, no iba a ser menos, y con los primeros cantos de los monos aulladores (cual motor de embarcación se tratara en medio de la oscura noche) emprendimos una vez más nuestro deseo, río abajo, durante un no corto trayecto, que fue continuado a pie hasta llegar al catamarán camuflado que nos serviría de escondite para observar “tremenda fiesta lorera”.

17collpa Manu Selva Peruana Selva Peruana 17collpa Manu

Cuando llegamos allí, aun no habían llegado los loros y empezaban a asomar los primeros rayos de sol que se abrían paso entre las cerradas nubes que con esa mañana se habían despertado. Parecía incluso que fuera a llover. Por un momento, llegué a pensar que tendríamos mala suerte, pero mientras aprovechábamos para tomar un suculento desayuno, nos sorprendieron los primeros gritos de bienvenida. Eran los Pionus menstruus (Loritos de cabeza azul), su gran número invadía los árboles de la Collpa que coronaban con sus cabecitas azules y sus rojos caudales, que resaltaban entre la frondosa y verde vegetación, delatando su presencia, y allí se fueron congregando esperando a tener la suficiente seguridad como para descender y empezar a comer de la que iba a ser tan codiciada arcilla. Aún no se habían animado a bajar, cuando fueron llegando los primeros Amazona farinosa, haciendo crecer su número mientras empezaba a comprender el por qué de su denominación (Amazonas harinosos), es increíble las diferencias que existen entre los harinosos que yo he tenido la ocasión de observar en cautividad y los ejemplares libres, en su selva… que bañados por el sol matutino, dejaban reflejar esa luz que les hacía parecer colmados de una harina blanca y fina sobre su cabeza y dorso. Dudo incluso que las fotografías reflejen la realidad tal y como sólo allí se puede observar en primera persona…

Algo parece que les inquieta, y no tardando mucho, comienzan su huida en estampida desapareciendo de nuestra vista, tanto Pionus como Amazonas, que durante varios minutos hicieron de nuestra espera la mas larga de nuestro viaje. Solo pensar que no volvieran ya me frustraba lo suficiente, pero…Perú no me defraudó y tras unos pocos pero interminables minutos, estaban regresando todos, ahora en mayor número todavía, hasta las ramas de las palmeras y árboles que frente a nosotros estaban. Y señores, si esto no era ya suficiente espectáculo, comenzó el número principal, el descenso a la arcilla. Respetándose mutuamente, los primeros en bajar fueron obviamente los pionus, que iban tomando su parte mientras llegaban más y más harinosos ¡y los primeros guacamayos!

18Harinosos y pionus Manu Selva Peruana Selva Peruana 18Harinosos y pionus Manu

Tan solo pudimos observar ese día al guacamayo rojo aliverde (Ara chloroptera) en esta collpa, y de hecho no en demasiado número, seguramente y si mis ojos empañados entre los cristales de los binoculares no me engañaron, no mas de 20 parejas se acercaron esa mañana a “saludarnos”. Ahora el show era completo, formas, sonidos y colores conformaban lo que tanto tiempo había esperado disfrutar. De nuevo, me sorprendió observar el brillante rojo de los aliverdes en su medio, que irradiaba de forma que, mis ya entrenados ojos habían dado fe suficiente de su belleza. Idas y venidas de luz y color, motivadas por la presencia de algunos potenciales depredadores, como los Halcones, fueron constantes durante nuestras observaciones, pero una y otra vez, regresaban para seguir deleitándonos a los allí presentes.

 

Ya no sabe uno a donde dirigir su mirada, y mucho menos su cámara. Todos, pionus, amazonas, y guacamayos seguían la misma pauta en las Collpas, todos se iban concentrando entre las ramas de los árboles, por las que iban descendiendo a medida que la seguridad se lo permitía hasta alcanzar la arcilla, su denominador común.

Tras revelar las fotografías tomadas ese día, he descubierto, que entre los Pionus, se encontraban además algunos ejemplares de Loro de Barraband (Pionopsitta barrabandi), grata sorpresa para mí, no obstante, me hubiera gustado ser consciente en aquel momento de su presencia y haberlas disfrutado en vivo y en directo, como al resto de las especies…

Sobre el por qué de alimentarse de arcilla (Geofagia) y por qué en estos bancos particulares y no otros hay ya mucho escrito, pero en líneas generales, me tomaré la licencia de trasmitirle al lector una síntesis al respecto.

➢ Algunos autores defienden que este comportamiento se debe a la necesidad de completar su dieta con determinadas sales minerales (del mismo modo que los humanos en cautivad lo hacemos con la dieta de nuestros loros).

➢ Otros van un poco más allá, y aseguran que esta geofagia se debe a la necesidad de proteger su sistema digestivo frente a la toxicidad de la mayoría de las semillas y frutos que ingieren. Provocando la secreción de mucosa que recubre su intestino con tal fin. Esto es perfectamente lógico, si nos fijamos en la época del año que se vive en esos momentos en la selva. Allí, cuando para nosotros es verano, aún no han salido del invierno, y la mayoría de frutos todavía no han madurado. Los árboles, adoptan sus propios mecanismos de defensa, la síntesis de toxinas para impedir que sus depredadores (y esenciales dispersadotes de sus semillas) lo hagan en su momento más optimo. Pero los animales, y entre ellos los psitácidos, han coevolucionado con esto buscándose sus propias soluciones para garantizarse el suministro de alimentos.

➢ Otros, sin duda defienden que la visita a estas Collpas, es una acción social, en la que las parejas “presentan” su descendencia a la de otras parejas con las que normalmente no comparten espacio. Estaríamos ante un moderno Club Social, donde basados en reglas naturales, evitarían la endogamia y por tanto favorecerían la diversidad genética en sus poblaciones…esto seria especialmente importante para los guacamayos, a los que normalmente les vimos volando en parejas o en pequeños grupos familiares (la pareja reproductora con uno o dos de sus descendientes…), pero quizás no tanto para especies como los pionus que acostumbran a vivir en grupos mas numerosos interfamiliares…

Independientemente de los resultados de los trabajos de los diferentes investigadores, personalmente mantengo que muy seguramente todas estas hipótesis tengan cabida para explicar el por qué de este comportamiento. De hecho, la madre naturaleza no se suele regir por un solo motivo, y todo dependerá del prisma desde el que se estudie para obtener una respuesta fisiológica, conductista, genética, o ecológica… para la misma acción.

Pero volvamos ahora a nuestra expedición… tras un espectáculo de algo más de dos horas, recogimos nuestros bártulos para seguir disfrutando de todo lo que todavía nos esperaba. Si hasta entonces, la sonrisa no era la principal característica de mi rostro, lo fue sin duda a partir de entonces, que junto a mis ojos vidriosos me delataban como la persona más feliz del mundo en esos momentos. Seguíamos atravesando la jungla con la mirada puesta ya en el siguiente parque y en su siguiente collpa. Para ello, tendríamos que seguir descendiendo río abajo durante largas horas (aunque os aseguro que allí disfrutas de cada minuto que pasa, quizás parecieran largas por nuestro deseo de que así fueran…), el Madre de Dios nos llevaría hasta el encantador pueblo de Puerto Maldonado, que en el corazón de la selva, se asoma al río como sabiendo que es el punto de conexión entre una y otra expedición. Pero nuestra suerte aun no se había agotado, antes de llegar al siguiente parque, en uno de nuestros viajes en bote, tuvimos el privilegio de descubrir una pequeña collpa con interesantes moradores, eran ejemplares de Brotogeris c. cyanoptera (Periquito de alas cobalto) Que ya los habíamos observado volando en numerosos y ruidosos grupos en otras ocasiones, al igual que otras bandadas de aratingas y forpus que hacían intenso cada momento de nuestro viaje.

A lo largo de nuestros trayectos por la selva, solo tuvimos vagas ocasiones de observar al guacamayo azul y amarillo (Ara ararauna) y al guacamayo escarlata (Ara macao). De hecho, aunque me esperaba una baja presencia de macaos, me sorprendió que los araraunas no se nos hubieran mostrado con mayor frecuencia. Ahora, en la Zona Reservada de Tambopata-Candamo se iban cumpliendo nuevamente mis expectativas. Araraunas y macaos volaban ahora con mayor frecuencia sobre nuestras cabezas en mi esperanza de observarlos esta vez en la siguiente Collpa, la situada en el Parque Natural de Bahuaja-Sonene. Tuve la ocasión también de observar placidamente, un par de ejemplares de Pyrrhura picta (Conuro pintado), posados entre los árboles, parecían ajenos a nuestra inquietante observación.

Ahora, con nuevos compañeros y nuevo guía, nos disponíamos de nuevo a disfrutar de esta nueva collpa, y con el consecuente “madrugon” necesario emprendimos nuestro desplazamiento a través de la jungla desde el Wasai Tambopata Lodge & Research Center, a orillas del Rio Tambopata. El nuevo guía, Jorge, conocedor de mi alto interés en la observación de psitácidas me regaló una nueva posibilidad que yo ni siquiera imaginaba. En nuestro camino, y machete en mano, se dispuso a tomar un “atajo”, para mostrarme otra collpa, no explotada para el turismo actualmente, y desde una perspectiva privilegiada. Entre la espesa vegetación aparecimos ocultos en la parte superior de dicha collpa, desde nuestra ubicación tuve la gran suerte de poder observar ejemplares de Guacamayo severo o de frontal castaño (Ara severa), Pionus menstruus, Amazona o. ocrocephala (Amazonas de frente amarilla) y Amazona farinosa a escasos dos metros de distancia, posados en las ramas que les servían de inmediato posadero para abordar la arcilla, mientras un par de parejas de guacamayos escarlatas (Ara macao) nos contemplaban a nosotros sin mostrar ningún tipo de miedo ni alarma ante nuestra presencia. Parece que la complicidad reinaba en esos momentos, como si fueran conscientes de que nuestra presencia allí, era tan inocente como positiva… Es una pena, que la umbría y espesura que nos permitía pasar desapercibidos no me permitiera obtener buenas instantáneas para mostraros. Todo un subidón de adrenalina que pude disfrutar durante algunos minutos. Pero el tiempo corría y debíamos llegar a tiempo a la Collpa programada, de hecho, al llegar, la actividad estaba ya en su apogeo, y tan solo tuve ocasión de ver como se retiraban ya Pionus y amazonas tras su particular festín… no obstante, la visita tubo su recompensa. Por primera vez, Chloropteras, macaos y araraunas, se nos aparecían juntos comiendo arcilla. Tal regalo para mis ojos supuso un día más, olvidarme de tan suculentos desayunos que nuestros cocineros nos preparaban, y es que sin duda, las necesidades primarias dejan de serlo en ocasiones tan especiales.
Las idas y venidas de los guacamayos esta vez parecían provocadas por la presencia en el cielo de siluetas de rapaces, no obstante, y aunque es posible que nuestros ojos no vieran a los verdaderos culpables, los únicos que merodeaban esa mañana sobre la collpa eran buitres!, que allí denominan Gallinazos (carroñeros y no depredadores)y que tuve el privilegio de observar las tres especies mas frecuentes: Cathartes aura (Gallinazo de cabeza roja), C. melambrotus (de cabeza amarilla) y el Coragyps atratus (de cabeza negra)…fieles compañeros como tantas aves, de casi todos nuestros desplazamientos fluviales…

15Guacamayos Tambopata Selva Peruana Selva Peruana 15Guacamayos Tambopata

Tras cerca de casi una hora, los colores de tan variados guacamayos desaparecieron de nuestra vista, pero cual fue nuestra sorpresa, que tras su huida, aparecieron nuevos grupos unos 100-200 m. más allá de nuestra localización. Bártulos en mano, nos desplazábamos allí donde los guacamayos nos dictaban. Esta vez, no había más escondite que los cañizales de bambú sobre la playa fluvial, suficientes para nosotros y por lo que pudimos comprobar, también para los guacamayos, que a pesar de que casi irremediablemente nos podían ver, no les supuso mayor impedimento para seguir ingiriendo su apreciada arcilla. Una vez más, la especie predominante eran los guacamayos aliverdes, seguidos esta vez de los escarlatas, y de nuevo, en menor número, los guacamayos azul y amarillo. Si es posible que observáramos simultáneamente varias decenas de parejas, tan solo 5 o 6 eran de araraunas, y es que, por lo visto, esta especie gusta de frecuentar otras collpas diferentes, y allí si, en mucho mayor número y casi en exclusividad.

Yo no podía ser más feliz, me sentía incluso mal por saber que era un privilegiado, que seguramente muchos de vosotros quisierais haber estado en mi lugar en esos momentos. Pero amigos, nunca es tarde, y los guacamayos están allí esperando vuestra visita, no dudéis en hacerlo en cuanto os sea posible.

Por si todo lo vivido hasta entonces pareciera insuficiente, al día siguiente, nuestro guía nos llevó hasta el conocido Lago Sandoval, en la Reserva Tambopata-Candamo y al que Rose M. Low había descrito en otras ocasiones como algo increíble, haciéndome desear conocerlo con la misma intensidad al menos con la que tubo la suerte ella. Y créanme amigos cuando os digo que toda descripción que se quiera hacer de este lago se quedará corta para plasmar su realidad. La calma, la paz que reina en Sandoval, solo se ve truncada por nuestro paso en canoa y como no, por la innumerable fauna que en éste habita, de nuevo, numerosas aves, los legendarios lobos de río y los caimanes nos deleitaban hasta que mi atención se centró irremediablemente en los guacamayos de vientre rojo (Ara manilata) que allí se nos ofrecían para colmar nuestro regalo que sin duda estaba resultando este viaje. Unos en sus nidos, otros volando sobre la superficie del lago, otros soleándose placidamente y otros comiendo del fruto de las palmeras que les sirven de alojamiento, como si el lago fuera su único reino y nosotros sus únicos visitantes…

Los Hoatzines (Opisthocomus hoazin), que anteriormente había observado en algunas cochas (antiguos meandros del río, ahora convertidos en particulares estanques…), se mostraban en Sandoval compartiendo el reinado con los manilatas. Su aspecto “primitivo” sin duda me cautivó, y robó parte de mi atención al resto de aves, que rodeándonos parecían entenderlo sin mayor problema, respetando cada una su momento de gloria para nosotros. Sin duda, un increíble espectáculo que nadie se debería perder…

La suerte de poder contemplar tantas especies en su medio natural, la apertura de mente que un viaje de estas características provoca en nosotros, la paz interior de la que gozamos a nuestra vuelta, las despedidas al atardecer de los últimos guacamayos, con sus altas voces, de agradecimiento quizás por no haber sido capturados un día más… no tiene precio. Como tampoco lo tiene el que utilicemos el turismo ecológico, como una perfecta herramienta de conservación.

Quizás mis palabras sean incapaces de mostrar lo que mi corazón se trae consigo y quizás mis fotografías no sean fieles reproducciones de lo que en mi retina quedó grabado…

Cristina, robando unas palabras a mi amigo David Jiménez: “…gracias por acompañarme en este viaje de lluvias y flores, de calmas y aromas…”

Autor:Ángel Nuevo González