La cotorra de El Oro, Pyrrhura orcesi, es una especie globalmente amenazada, clasificada como en peligro (BirdLife International 2000, Hilton-Taylor 2000) porque su rango de distribución geográfico es muy pequeño y está restringido a Ecuador, donde su hábitat preferido se halla muy fragmentado. Tanto el rango geográfico como la población de esta cotorra parecen disminuir rápidamente, y habrá que tomar medidas de conservación urgentes para poder atender a estos problemas. Durante los últimos dos años, Loro Parque Fundación ha sido el principal patrocinador de una iniciativa de conservación muy importante para la cotorra de El Oro encabezada por dos biólogos muy preparados, el Sr. Martin Schaefer y la Sra. Veronika Schmidt de la Fundación Jocotoco, una ONG ecuatoriana. El proyecto de la cotorra de El Oro empezó en el año 2002 y, al principio, se inició para estudiar las necesidades ecológicas de esta especie tan poco conocida. El segundo objetivo era identificar lugares prioritarios para su conservación en y alrededor de la Reserva Buenaventura, propiedad de la Fundación Jocotoco, el único lugar protegido que mantiene una población de esta cotorra (Schaefer and Schmidt, 2003). Este artículo describe los progresos hechos hasta septiembre de 2003.

 

Historia

Esta especie que se encuentra en la pendiente oeste de los Andes al suroeste de Ecuador, fue descubierta en 1980 en la provincia de El Oro. Esta provincia comprende un área de unos 750 km2 de superficie (100 km de largo y 5-10 km de ancho), y su hábitat es la selva tropical muy húmeda en zonas situadas entre 300 y 1400 m de altitud. Por encima de los 900 m de altura, el grado de deforestación es bajo dada la extrema caída de la pendiente; sin embargo, por debajo de este nivel, los daños causados son considerables, con una tasa de 57% de pérdida de bosques en el oeste de Ecuador entre 1958 y 1988, y con pérdidas sucesivas (BirdLife International 2000). Hasta el proyecto actual, los conocimientos sobre la ecología y el comportamiento de la cotorra de El Oro eran escasos. Las pocas observaciones hechas previamente sobre el tamaño de las manadas, la alimentación y nidificación requería información adicional con el fin de poder formular un plan de conservación efectivo.

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Ecología de la cotorra de El Oro

El tamaño de la población en el valle de Buenaventura que oscila entre 120–135 individuos, estimado durante los primeros meses del proyecto, se confirmó en un segundo recuento realizado a finales de 2002. Además, se encontraron otras 40 o 50 cotorras en un valle adyacente, 2 km al norte de Buenaventura. Aunque las manadas tienen cierto rango de distribución, estas cotorras son flexibles y las áreas de las dos poblaciones a veces se solapan. No se observó ningún tipo de emigración juvenil, y los tamaños de las manadas permanecieron constantes entre 3 y 15 individuos (un promedio de 6.5 individuos), aunque algunas manadas se unieron en aquellos lugares donde la comida era abundante, formando grupos de hasta 62 aves. Sin embargo, esta unión fue tan sólo temporal y durante la noche cada manada descansaba separadamente una de otra. No se encontraron aves en las cercanías al sur, al este o al oeste de la Reserva Buenaventura. Durante la temporada de cría 2002/2003, el equi- po logró localizar y observar cinco lugares de nidificación, todos ellos por encima de los 1000 m sobre el nivel del mar y situados en cavidades naturales en árboles vivos. Martin, Veronika y sus colaboradores descubrieron que la cotorra de El Oro tiene un sistema de cría comunitario, es decir, anidan en manadas y no en parejas. El tamaño de esos grupos variaba de tres a nueve individuos y todos ellos participaban en las tareas de la cría, excepto una manada con ocho individuos en la que sólo participaron tres de ellos. Los deberes de incubación se compartían entre varios individuos, participando en ellas incluso los jóvenes que habían nacido en la temporada anterior, y que permanecían en los nidos solos o bien en parejas.

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La telemetría (la primera vez que era utilizada para un estudio de conducta de papagayos en Ecuador) demostró que en dos nidos incubaron al menos tres pichones, y en otro nido al menos cuatro, con unos períodos de incubación de entre 3-4 horas. Al volver la manada a su lugar de nidificación, solía permacener en un lugar cerca del nido antes de que cada individuo entrase a su cavidad. Una vez dentro, empezaban las llamadas de los pichones pidiendo comida, lo que nos llevó a pensar que las aves regurgitaban la comida para alimentar a la pareja incubadora. Estas visitas al nido duraban cerca de 30 minutos antes de que las manadas volvieran a partir. Durante ellas, las aves hacían mucho ruido, sin embargo, como las manadas sólo visitaron los nidos 3 ó 4 veces al día, seguía siendo bastante difícil encontrarlos. La altura por encima de las cavidades variaba entre 1.5 m y 23 m y el hueco de la entrada era también muy variable desde los 4 cm en un nido y los 11 cm en otro. Los huecos se encontraron en un bosque secundario selectivamente talado pero intacto, en un pequeño claro de bosque entre pastos, y también en los mismos pastos. Tres de los cinco manadas fueron detectadas por unos tucanes colirrojos Aulacorhynchus haematopygus que les asustaron. En uno de los nidos, los tucanes abrieron la cavidad y robaron la puesta, sin embargo, otros nidos fallaron sin conocerse el motivo. Los dos nidos productivos (manadas de cinco y ocho individuos) criaron un pichón cada una. Con tan sólo 10 pichones en el valle entero, el éxito total de cría en 2003 parecía ser muy inferior al resultado del año anterior. Hasta el momento se desconocen las causas de dicho resultado, aunque la temporada de lluvias en el 2003 fue muy seca lo que, con toda probabilidad influyera en la cría. El sistema de cría comunitario implica que los hoyos de bosque sean lo suficientemente grandes para proteger a la especie, proporcionando alimentos para varios grupos de cotorras.

La radiotelemetría realizada con cuatro manadas reveló patrones de movimiento anteriormente desconocidos. Las aves se movieron unos 227 m de promedio entre los lugares de forraje y los de descanso, y permanecieron en cada sitio una media de 42 minutos. Aunque las cotorras utilizaron sobretodo áreas de hábitat por encima de los 800 m sobre el nivel de mar, que se caracterizan por una humedad elevada a causa de una capa de nubes mucho más gruesa y de neblina, durante los meses de julio-octubre bajaron la pendiente hasta los 550-650 m. En 2002, había poca fruta en su rango de distribución normal en esa temporada. Por eso, volvieron a subir por encima de los 800 m para descansar durante la noche. No obstante, los patrones de movimiento de esta especie no están relacionados con la disponibilidad total en los bosques, sino más bien parecen depender de los patrones de fructificación de plantas específicas que les sirven de comida a las cotorras. Se pudo observar a las aves consumiendo frutos de unas 25 especies arbóreas, incluso algunas Ficus spp. que consumían con mucha frecuencia. En algunas ocasiones, se vieron algunos ejemplares pelando la corteza de las ramas y los troncos, aunque desconocemos que función desempeña este tipo de comportamiento durante el forraje. Todavía sigue siendo una pura especulación la razón por la que las aves en Buenaventura evitan el bosque situado a un nivel inferior durante la mayor parte del año. Aunque las manadas estuvieran dispuestas a usar los pastos tanto para forrajear como para descansar, e incluso una de ellas se pusiera a criar en un pasto de ganado, la mayoría de ellas pasaron gran parte del tiempo (67%) en el bosque. Las cotorras seleccionaron hoyos de bosque con árboles más altos y grandes y con una copa mayor, sin tomar en cuenta la diversidad de árboles en el bosque. En conclusión, sólo de 20 a 30 cotorras usaban la reserva gran parte del tiempo, y en la actualidad su extensión es insuficiente para proteger la especie.

 

Conservación de la cotorra de El Oro

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En 2002/2003, la reserva de Buenaventura fue expandida por la Fundacion Jocotoco, que adquirió dos áreas adyacentes con un total de 250 ha de superficie. Estos terrenos fueron identificados como críticos para la protección de tres o cuatro manadas, cercando el área clave de su rango. Además, estos sitios son importantes para casi la mitad de la población del valle de Buenaventura porque proporcionan una importante oferta de comida por temporadas, con abundantes frutos de Ficus justamente después de la temporada de cría cuando 50-60 cotorras se unen para forrajear. Estas áreas protegen también a otras especies globalmente amenazadas como el aguilucho de dorso gris (Leucopternix occidentalis), el paragüero del Pacífico (Cephalopterus penduliger), así como el endémico y muy escaso Tapaculo de El Oro (Scytalopus robbinsi). La reserva de Buenaventura heredó unos pastos para el ganado que no se utilizaban pero que se encontraban bastante deforestados, dos de ellos fueron el centro de un programa de reforestación con árboles jóvenes que se sembraron a partir de los frutos que se recogieron en la reserva. El éxito de este proyecto piloto ha sido distinto según la especie sembrada y el tipo de pasto. La mayoría de las especies de árboles demostraban un alto porcentaje de supervivencia, excepto las palmeras del interior del bosque. La regeneración natural en los pastos desforestados dependía sobretodo del tipo de hierba utilizada. Algunas zonas se regeneraron muy rápidamente, mientras que otras no dieron señales de especies boscosas invasoras aun después de varios añosde haber sido abandonadas . No obstante, la reforestación en esos sitios no es tan urgente, y el aspecto más importante por el momento es la reforestación de los pastos adquiridos para expandir la reserva. Por lo tanto, se recogieron más semillas para establecer un vivero forestal en la reserva, y se plantaron 1.300 árboles jóvenes regalados por el Ministerio del Medio Ambiente de Ecuador . La superficie de bosque extremadamente limitada en las pendientes del oeste de los Andes requieren acciones inmediatas para proteger las pocas zonas restantes de bosque y para reforestar áreas no protegidas y hacer frente a la demanda local de madera. Entretanto, las actividades de reforestación cuentan con la colaboración de algunos profesores dedicados, del Ministerio local del Medio Ambiente, y del Cuerpo de Paz de US como iniciativa positiva para fomentar la colaboración entre los diferentes grupos interesados en la protección del medio ambiente. El proyecto de la cotorra de El Oro ha aumentado sus actividades dentro del campo de la educación. Los miembros del equipo acompañaron a los grupos escolares de la localidad en su visita por la reserva. Hasta el momento, un total de 605 alumnos entre 8-17 años visitaron la reserva y se les explicaron los principios básicos del ecosistema de los bosques montañosos. La visita incluía paseos por el bosque y los pastos para mostrarles los devastadores resultados de las antiguas técnicas de uso del terreno y hacer hincapié en la vulnerabilidad de la selva. Para la mayoría de los niños, este paseo fue la primera visita a un bosque en la que tenían la oportunidad de observar y aprender sobre la vida silvestre y las plantas. Estas visitas también incluían juegos ecológicos para alumnos y profesores, así como la distribución de materiales para que los profesores pudieran repetir en clase algunos de los conocimientos básicos sobre el ecosistema montañoso . El principal objetivo de las visitas a la reserva era el de facilitar a los niños la posibilidad de experimentar con la naturaleza. En el curso del proyecto, se dieron además charlas en las escuelas utilizando pósters e imágenes que ayudaran a entender de forma más clara la necesidad de proteger el medio ambiente de los ecosistemas amenazados del oeste de los Ándes, explicando las consecuencias de la destrucción masiva de los hábitats naturales. Con el fin de ampliar los conocimientos de los habitantes locales acerca del trabajo de la Fundación Jocotoco, se diseñó un póster sobre la cotorra de El Oro que explicaba los objetivos de la fundación. Una señal del impacto positivo que ha tenido el proyecto es que este póster se encuentra expuesto en el ayuntamiento de la localidad y , en varias ocasiones, sus encargados han aprovechado la oportunidad de hablar con los políticos y los propietarios de terrenos sobre la importancia de que se mantengan pequeñas superficies de bosque . En cuanto a la cotorra de El Oro en cautividad, es un hecho alentador que, en 2003, no se encontraran ejemplares en los mercados locales, y tan sólo fueran descubiertos ocho aves en el transcurso del año 2002. Esta circunstancia probablemente esté relacionada con la dificultad que supone encontrar los nidos de esta especie dentro del bosque. Seguramente por ello, la cotorra de El Oro es desconocida dentro del ámbito de la avicultura. A pesar del éxito que está teniendo el proyecto, todavía queda mucho por hacer. En algunos casos, los granjeros locales niegan el acceso a sus tierras a los miembros del proyecto para buscar a las cotorras, aunque se sospecha que lo que en realidad están haciendo es impedir que se detecte la destrucción continuada del bosque. Además, algunos oficiales locales del Ministerio del Medio Ambiente local se han mostrado poco dispuestos a monitorizar y hacer valer la prohibición de la tala. Sin embargo, las medidas que ya fueron tomadas y que deben continuarse decidirán finalmente el futuro de la cotorra de El Oro y la peculiar fauna endémica del bosque de la zona norte tumbesiana del suroeste de Ecuador.

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David Waugh PhD Loro Parque Fundación

Fotos: Veronika

Referencias bibliográficas Birdlife International. 2000. Threatened birds of the world. Barcelona and Cambridge, UK. Lynx Editions and Birdlife International. Hilton-Taylor, C. (compiler) 2000. 2000 IUCN Red List of Threatened Species. Gland, Switzerland and Cambridge. IUCN. Schaefer, M and Schmidt, V. 2003. Ecology and conservation of the El Oro Parakeet (Pyrrhura orcesi). Unpubl. report submitted to the Loro Parque Fundación. _________________________________________